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martes, abril 12, 2005

Cuando el Este era Oeste

042El viernes fui a Armageddon (la tienda, por supuesto). Compré Mis Circunstancias de Lewis Trondheim (14 euros), el nuevo álbum del Señor Jean, Vivamos felices sin parecerlo (precioso título, 10 euros), el número 2 de Planetary (1,70 euros) y el cuatro de The Pulse (1,70 euros). Luego quedé con N., ojeamos-hojeamos libros en Hontza, quedé seducido por el precio de un libro con relatos de amor Herman Hesse (3,90 euros) y marchamos al Tánger donde estuvimos leyendo tebeos con la sola compañía de un Colacao. En casa, proseguí y finiquité la lectura de Mis Circunstancias (bello aunque irregular, con unas cuantas viñetas dignas de ser enmarcadas por su preciosista captación de la realidad (bueno, de mi realidad... imposible no sentirse identificado...) Sábado mañana. Tras más de un año sin tele en mi cuarto, decido comprarme un nuevo dios catódico de 21 pulgadas para ver películas en deuvedé y uveachese. Busco, comparo, apunto precios, mido el ancho, cuento el número de euroconectores y acabo comprando EL ÚLTIMO DISCO DE BILLY IDOL (12,99 euros). Lo digo así, en mayúsculas, porque el último cedé que sacó este macarra angelino adicto a la cirujía estética fue en el año 1993. Yo lo compré en julio de ese año, en una tienda de Sunset Boulevard, en Los Ángeles, Californioughyeahc’mon. Eso quiere decir (aparte de otras muchas cosas) que Billy Idol ha tardado 12 años en grabar 13 canciones nuevas y debo CONFESAR que sólo por SCREAM, la República Africana de Togo debería donar la mitad de su producto interior bruto (7.216 dólares) para que Billy Idol mantuviera su régimen vital de excesos.

Por la noche, marché a Pamplona por los nevadísimos paisajes de la A-15 para acudir al concierto de Enuff Z’ Nuff, Bang Tango y Pretty Boy Floyd (22 euros). La única reflexión a la que me invita el concierto es el increíble ejercicio de nostalgia que suponen espectáculos así: poco importa que el cantante de turno se rodee de un ejército de mercenarios, o que un mismo grupo de mercenarios toqué bajo dos nombres diferentes... lo que la gente quiere, ansía, desea es oír ESAS CANCIONES que marcaron su etapa teenagiana. Por supuesto, formo parte de ese grupúsculo de lamentables peterpanes aunque ninguno de los tres grupos marcó mi adolescencia, sino los años más tardíos de mi actual veintena.

El domingo EXIGIA una irresponsable dosis de cine (bueno, malo, qué más da) así que N. y yo acudimos primero al Príncipe (sesión de las 17.00 horas, sala 3, 5,60 euros la entrada) para ver Algo en Común y luego a los Oscar la Bretxa (cuyas salas siguen conservando su dulce hedor a orín reseco. Ignoro a qué huele el NAPALM por la mañana, pero estoy convencido de que Saigón y la sala 8 de la Bretxa comparten la misma miasma) para ver Be Cool (sesión de 20.30. 5,60 euros la entrada). De Algo en común solo acierto a recordar el FUERTE OLOR A POSTGUERRA ESPAÑOLA (hoy el blog se viste de literatura nasal, qué le vamos a hacer) que desprendían dos señoras mayores que se encontraban sentadas a mi lado.

044_1Horas antes, mientras recogíamos la mesa tras la comida (ensaladilla rusa de primero, filete con pimientos rojos de segundo y tarta de queso de pastelería desconocida de postre) N. y yo llegamos a una misma conclusión mental: el excelente recuerdo que nos dejó Life Aquatic (que vimos el martes) por su adorable estética, por su frondosa ingenuidad, por sus ruiditos auténticamente tatianos, por el papel raroextraño de Bill Murray... Eso sí, la peli nos aburrió un poco. Como ejercicio de estilo, Life Aquatic es una joyita pero como película, ay, como película es al cine lo mismo que una guía telefónica a la literatura: un estupendo desfilar de personajes.

Más de uno se preguntará qué hicimos N. y yo en los casi 90 minutos que había de separación entre sesión y sesión de cine dominguero. Por supuesto, acudimos a Psico donde compré de segunda mano (4 euros) el primer número de Monster de Naoki Urasawa (“el apellido me suena”, exclamó N.).

Todo este desfile de sensaciones efímeras apenas cobra importancia en mi trayectoria vital cuando rememoro un hecho INFINITAMENTE más trascendental: el viernes 8 de abril COMPRÉ TRES SACAPUNTAS. Todo comenzó cuando hace tres semanas, dos días antes de partir hacia el valle del Lot, me puse a sacar punta a los lápices que utilizo habitualmente (de los que no utilizo NUNCA ya hablaré otro día) y comprobé con horror y estupefacción que el sacapuntas que tenía era un prodigio de imperfecciones. Lo tiré y apunté en la agenda, en el hueco dedicado al día 4 de abril: “Comprar un BUEN SACAPUNTAS (sic)”. Así fue, el hecho se consumó el viernes y el mismo sábado dediqué 5 MINUTOS DE MI VIDA a sacar punta a todos los lápices que utilizo para subrayar COMPULSIVAMENTE los libros.

043_2Hablando de cine, hablando del comic, hablando de bellos encabezados. Hay un álbum de Dupuy y Berberian titulado “La théorie des gens seuls”. Esto viene a cuento porque el domingo, cuando comprábamos las entradas para el santo cine por el interné, nos percatamos de que UNA PERSONA había adquirido UNA ENTRADA en una de las esquinas más estúpidas e inútiles de toda la sala (véase la foto adjunta), totalmente alejado de la borregada que se ampara en la seguridad del centro de la estancia. La soledad no es punible, cierto, pero comprar ciertas localidades de la sala es, cuanto menos, motivo de CURIOSIDAD MORBOSA. Así, N. y yo fuimos extraordinariamente excitados al cine Príncipe, con LA NECESIDAD de ver la cara a esa persona, a ese ser de hábitos antisociales capaz de reservar la butaca MÁS INÚTIL de la sala. Al comenzar la sesión, el sujeto no había aparecido y no fueron pocas las veces que, a lo largo de la película, N o yo nos reclinábamos para comprobar si ALGUIEN se había SENTADO EN NUESTRA BUTACA ESQUINADA. Nadie. Nada. Una pena. El filme finalizó y el asiento seguía huérfano de nuestro hombre huraño. Otra vez será.

Comentarios

Aprovechar el fin de semana es todo un arte; se deben de dar las circustancias adecuadas y eso no siempre ocurre. Imprescindible para mí: buen tiempo y buena compañía lo demás es accesorio. Ir al cine en Madrid en fin de semana es una batalla perdida, nosotors optamos por la opcion videoclub. Nos hemos hecho socios de uno muy moderno que se llama Ficciones, en este lugar el espectáculo esta en la clientela y nos mola ir por eso más que por las películas. Tienen todas las de Tatí y el otro día alquilamos El Guateque...Peter Sellers es el amo.


¿por qué no me identifico con las maravillosas críticas que ha recibido "algo en común"? Que final tan increíblemente decepcionante. Incluso la banda sonora es demasiado "luminosa".

Quiero ver la nueva de Wenders, uno de mis cineastas fetiches. Siempre seré deudora de Paris-Texas, de Travis, de ese enorme desierto que en las primeras escenas te devora. Y de ese enorme dolor que siento cada vez que vuelvo a ver "El cielo sobre Berlín".

¿por qué asocio el colacao a una manta sobre las rodillas y a la perspectiva de unas cuantas horas viajando por las páginas de un libro? Tengo la certera impresión de que con una coca-cola no sería lo mismo. Un colacao caliente me produce el efecto contrario a una coca-cola, o todo lo contrario a la frivolidad.

Me encanta tu blog, porque produce algo en mi, muy importante. Ganas de escribir.
No puedo con el cola-cao. Es blandito y empalagoso. solo admito el chocolate, si es con churros, y preferentemente despues de una buena juerga o de resaca. En un bar, un domingo, es necesario un café. Un café con leche si nos ponemos romanticones.

Hay que ver lo que gastas, cacho perro. Menudos fines de semana de dispendio.

No todos los fines de semana son tan intensos. De hecho en los últimos 6 meses sólo he ido a cuatro conciertos, algo impensable en otras épocas en las que, practicamente todas las semanas, iba a la Jam.

Tengo la gran ventaja de no gastar apenas entre semana: ni desplazamientos, ni nada, sólo algún colacao y alguna sesión de cine el día del espectacdor. Mi economía está saneadísima y a ello contribuye en gran parte (fina ironia) vivir en casa de mis padres. Apenas salgo los findes (esa época loca, loca, ya pasó...) y ahí se iba mucho, mucho dinero de forma tonta.

En cuanto al debate colacao-chocolate, no voy a entrar en polémicas, sólo diré que en casa no tomo colacao porque no tengo un aparato para sacar espuma de la leche. Lo que me gusta del Colacao de las cafeterías es que sacan espuma y la leche es del día. En casa, eso es imposible.

De resaca y bajo los efectos del alcohol, mi cuerpo sólo admite alimentos salados. Tras una noche loca, no como ensaladilla rusa, sino que LA ABSORBO.

Yo todavia necesito mis cubatas.
Sería más feliz gastándomelo en cine, tebeos y libros y aprovechando el tiempo en leerlos? Es posible, pero mientras no engañe a alguna incauta prefiero seguir con mis pequñas dosis de autodestrucción.
No hables de ensaladilla rusa, que tengo un hambre que me ciega

1) Creo que ya hay algo tal como un "Caso Wes Anderson". A mi sus películas me decepcionan al verlas pero luego me sucede ese curioso fenómeno que has comentado: con el tiempo generan agradables sensaciones. Los Tenembanum y Academia Rushmore no me gustaron pero ahora (sin verlas) me encantan.

2) Este blog es adictivo. Lo cual nos coloca en mala situación porque se prodiga usted muy poco (o menos de lo que nos apetecería a los lectores). Insisto en el parecido, por momentos y quizá subjetivo, con John Berger. Sobre todo al contar algún viaje.

3) Interesante la ontología del salir de noche. Gonzo y Troutman lo han considerado vicario respecto de otros modos de vida conseguidos o deseados. Siempre me ha preocupado mucho esto: ¿Bebiendo espero...?

A mi me sorprende la afirmación de Troutman de que mientras llega alguna incauta prefiere seguir dedicándose momentos de auto-destrucción. Eso ha sonado a posponer una gran cantidad de consignas vitales, y poner en "otro" una gran cantidad de esperanzas de ¿autorealización? y de a veces, sólo a veces, demasiados sueños.

Normalmente, la butaca esquinada sobre la plataforma principal de acceso, es preferida por los disminuidos físicos. Permite no haber de realizar ejercicios de escalada a tribunas superiores además de poder plegar la silla de ruedas sin molestar a un eventual espectador contiguo u obstaculizar el tránsito del pasillo.

Sorprendente?
Patético?
Bebiendo espero?

No está mal.
Por supuesto exagero, pero si sigo gastando mi dinero en cubatas es, básicamente, porque me lo paso bien. Y me gustaría que mis dias durasen 49 horas, dormir 3 (simpre de siesta) y que las resacas no existiesen.

Bueno, bueno, que yo no reniego de las juergas y los hermanamientos etílicos, lo que ocurre es que las resacas me matan y el alcohol es, cada vez, más caro.

Mi última juerga atómica fue cuando Kory se pasó por la city y fue tremendo. Salgo poco pero cuando salgo, salgo.

Ok, Thanatos, tú ganas con el que está sentado a la izquierda de la foto, pero ¿qué me dices del de la derecha??????? Si eso no es un pajero... Raro, raro.

Cáspitas, no me había fijado!!

Pajero, no cabe duda.

Por cierto,hubo un modelo de Nissan que tuvo que cambiar su nombre para poder comercializarse en España: Nissan Pajero.

El de arriba, soy yo...

Doy fe de la adiccíon de Mr. Gonzo por los alimentos salados para recuperar fuerzas tras una noche de juerga, desenfreno y acoso a taxistas forofos del Deportivo de La Coruña. Le recuerdo además ese mítico récord de engullimiento de casi 200 croquetas (hechas a mano y con mucho cariño) durante la Semanita Granderr de Bilbador (Gonzo dixit) que nos aupó al Olimpo de los tragaldabas noctámbulos.

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