En diciembre de 1995 entré por vez primera a un Fnac. Fue en Madrid, en un viaje del que guardo varios POSOS MENTALES: prostitutas negras parando coches en la plaza Cuzco, una fotografía mía junto a un cartel de la Falange Española y la adquisición del primer disco de Downset en la ya fenecida Madrid Rock. El encandilamiento de la franquicia francesa fue instantáneo y no por la forma ASÉPTICA, ORDENADA y PRIMOROSA de vender cachivaches culturales sino por la MOQUETA que invade todos y cada uno de sus metros cuadrados. Es un hecho, todo tapiz, alfombra o superficie textil susceptible de ser pisada invita a tirarse por el suelo y RODAR, RODAR, RODAR. La que hay en la-el Fnac invita a eso y a COMPRAR DE FORMA COMPULSIVA, placeres ambos con los que me identifico sobremanera. En esa primera incursión, de la que en breve se cumplirá el 10º Aniversario, sólo adquirí un ejemplar de American Psycho de Breat Easton Ellis, en edición de bolsillo. Eran otros tiempos en los que la austeridad económica propia de los estudiantes errantes ERA LA NORMA.
Tal y como estaba anunciado, recientemente han abierto un Fnac en el centro de Sansebastianópolis, la ciudad condenada a tener 180.000 habitantes por el resto de sus días. La noticia, lejos de deprimirme, me llena de alborozo porque mis vínculos sentimentales con las librerías y tiendas de discos de esta ciudad son nulos. Sobre las consecuencias, idiosincrasias e impactos que ello podría tener en la vida de la ciudad ya escribí hace unos meses y se puede decir que sigo pensando lo mismo. Los libreros de esta SANTA CIUDAD de ambiguo patrón no sonríen y, lo que es peor, sufren dependencia de las bases de datos informatizadas, de la misma forma que las lolitas de medio planeta están enganchadas al messenger. Auguro el cierre inminente de una librería del barrio de Gros con nombre de película utópico-negativa del expresionismo alemán.
Mi problema es que todavía no he sido capaz de entrar al recién inaugurado Fnac. Creo que siento MIEDO, TERROR y FRUSTRACIÓN por sentir tan cerca tal objeto de deseo. No tiene sentido, es absurdo pero evito pasar por delante, echar un vistazo a los carteles que decoran el exterior y me resisto a entrar a un lugar que, en ciudades como Madrid o Barcelona, tiene para mí CONNOTACIONES MÁGICAS, como las librerías de viejo de la Cuesta Moyano, el mercado de Saint Antoni o la ermita de San Bartolomé en el Cañón de Río Lobos. No quiero el paraíso a la vuelta de la esquina, rechazo la tentación a cinco minutos de casa, REIVINDICO LA FRUSTRACIÓN DE BUSCAR UN EJEMPLAR DE UN LIBRO PARA HACER UN REGALO Y NO ENCONTRARLO en las raquíticas librerías de Sansebastianópolis de toda la vida. Cuando entre, lo diré. Hasta entonces leo el enésimo libro sobre la cosa esa pajera del Código Da Vinci (Toda la Verdad sobre ECDV, de Dan Burstein, una recopilación de ensayos, entrevistas y datos –por fin- FIABLES sobre la Magdalena, las vírgenes negras y el timo del Priorato de Sión), El Nombre de la Rosa del supersabio Umberto Eco y el imprescindible Diccionario de la Españología de Luis Carandell que ya están ustedes comprando a 2,95 euros si viven cerca de un VIPS.
Puede resultar un tanto estúpido que vuelque estas cosas aquí, tan privadas, tan personales, tan intransferibles, sobre todo si tenemos en cuenta algunas de las personas DE MORAL DISTRAIDA que acceden a este blog tras introducir las siguientes palabras en el Google:
-fotos pornograficas gratis de niñas de 12 años para arriba
-bibliografia lolo ferrari (Ojo! No pone biografía, sino ¡BIBLIOGRAFÍA!)
-quiero ver imagenes del pueblo llamado oiartzun en san Sebastián
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-primeros planos tangas
-ANIMAL PORNO (así, en mayúsculas)
-dia del cartero con fotos
-caminos sinuosos para los indocumentados
Por lo demás, sólo puedo invitarles a que visiten la actualizada sección sobre HERMÉTICA URBANA DE SAN SEBASTIÁN, una serie de artículos de factura extremadamente costosa por los que siento toneladas de AFECTO. Visiten, pinchen y pregunten porque esas TONTERÍAS LOCALES roban muchísimo tiempo. Aviso que no pueden retrasar más unidades temporales la adquisición de la WOMAN de este mes, con una de las portadas MÁS VISIONARIAS de la historia del periodismo visionario: “Kate Moss, más auténtica que nunca”. Lo más inquietante que se puede encontrar en las 236 páginas de la revista no es el reportaje sobre Botox –“Lo probamos por ti”- o el artículo sobre la nueva reina de la DROGAÍNA, sino CINCO fotos de servidor en el reportaje sobre Nantes. Qué colores, qué texturas, qué composiciones. No se lo pierdan, como tampoco obvien la galería de Juliette Lewis en directo en el Azkena Rock Festival que colgué recientemente JUSTO AQUÍ. En breve, más.