¿Qué es peor, la espera o la sala de espera?
Todo el mundo tiene dificultades para pronunciar tal o cual palabra del diccionario. Mi problema no es con un vocablo enrevesado, sino con la combinación de dos términos de lo más simples: CORREO NORMAL. Lo utilizo a menudo, cuando voy a Correos para enviar deuvedeses piratas o cupones de descuento A UNA EMPRESA DE CUAJADAS CASERAS. Hace unos meses, un amigo me propuso que, en vez de ‘correo normal’, utilizara el término ‘correo ordinario’, una combinación de palabras cuyo laberinto fonético parece más sencillo de superar. Se equivocó. Me resulta tan complicado pronunciar de seguido Correo Normal como Correo Ordinario. Así, puestos a parecer el tartamudo de un chiste de Arévalo, prefiero hacerlo con estilo propio, personalidad y, ante todo, dignidad, mucha dignidad. “Para enviar por correo, rreo, rreonormal, por favor”.
En Guatemala, hace mucho tiempo, hubo mayas. Por supuesto, todo eso ya lo saben ustedes. Construyeron pirámides macizas y tras el auge, llegó la decadencia. Hoy día, en ese país todavía perduran esas construcciones espectaculares lo que me ha conducido por una espiral consumista de libros raros sobre mayas, leyendas de aparecidos y ánimas en pena. A este paso, calculo que podré leerlos en mi tercera reencarnación. De momento, me conformo con ojearlos en el baño y hojearlos durante el largo proceso de encendido del ordenador, es decir, durante 6 minutos y 34 segundos. Pero sin duda, uno de los monumentos más singulares del país y de otros rincones de Centroamérica son los Autohoteles o lo que es lo mismo, la infidelidad milimétricamente calculada, institucionalizada cual cabina de peaje de la autopista. La idiosincrasia de esos lugares es sorprendente porque cada habitación, amén de una cama y un rollo de papel higiénico rosa –todo esto son elucubraciones y postulados, no he tenido el placer de pisar uno-, cuenta con garaje privado de persiana metálica para salvaguardar la identidad del coche y el adúltero –obsérvese el deje AUTÉNTICAMENTE MACHISTA de esta frase-. El Casanova, Solitos, Tú y yo, El Mujeriego I, El Mujeriego II, El Mujeriego III (el McDonalds de los autohoteles guatemaltecos), La Pasadita, El momentito... son algunos de los nombres de estos lugares mágicos que, imagino, se utilizarán para todo tipo de intercambios, siendo los sexuales los menos habituales. En ese país también me impactó sobremanera el fallecimiento de la señora Damaris Arroyo Cordero, esposa de don Servio Flores Cacho, presidente de la empresa GOLLO EL GALLO MÁS GALLO, pero ésa es otra historia.
Por lo demás, destacar que hace apenas tres semanas PERDÍ TODA UNA TARDE DE MI VIDA, reordenando discos de forma alfabética. Arrastraba el trauma desde junio, cuando ví que C. en su hogar de Zaragoniápolis hacia las veces y –lo que es más importante- encontraba los discos en apenas segundos. Inexplicablemente, durante años he tenido ordenados los discos de una forma personal y, valga la redundancia, inexplicable, es decir, por sensaciones, etapas de en que fueron descubiertos o estilos musicales sólo existentes para mí. En otras palabras, una concesión romántica de ésas a las que soy adicto y que acaban resultando MUY POCO PRÁCTICAS.
Ya está en los kioskos el magazine impreso Mascotas. Como el Perro y el gato a cuyo primer número presté mis servicios como reputadísimo y dedicado fotógrafo de mamíferos vertebrados, reptiles terápsidos y demás criaturas obra de Dios Todopoderoso. Apenas cuesta tres euros, aunque vale muchísimo más. Por supuesto, invito a que le echen un vistazo rápido en un kiosko de confianza, alegren su día con el artículo sobre pájaros embolados y marchen a su casa sin pagar por ella, a reflexionar sobre la vida, la muerte y la falta de energía avícola.


