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viernes, diciembre 23, 2005

¿En qué se diferencia un milagro de una casualidad?

080En abril de 1990 fui a Londres con mis padres y mi hermano. De aquel viaje recuerdo una camarera gallega en el hotel Julio César, unos cacahuetes cubiertos de chocolate blanco en Harrods y un vídeo casero de 90 minutos que me encargué de grabar y NO HE VUELTO A VER DESDE ENTONCES. Ni yo, ni nadie. También recuerdo que mi hermano tenía un encargo que debía cumplir: comprar una camiseta de los Pogues para un compañero suyo de clase. Por supuesto, tras buscar en el HMV de Oxford y alguna tienda más, dimos con la camiseta de la banda en el Tower Records de Picadilly. En aquella época, ni conocía a los Pogues, ni al compañero de mi hermano.

Quince años después de aquel día, Jotaele -un híbrido de Cicerón nocturno y silicona social- me ha enviado un mensaje traicionero, de esos que se envían los jóvenes de hoy a través de sus intercomunicadores personales. Me invitaba, es un decir, a un concierto de un grupo terrible en el no menos terrible Circo Romano de Sebastianópolis. ¿El grupo? M. Muy malos, muy tediosos, muy todo lo nefasto que se les pueda ocurrir. Por supuesto, no nos hemos aburrido demasiado porque hoy he confirmado que la persona a la que le compró mi hermano la camiseta en Londres era Jotaele. En 15 años, sus gustos musicales siguen estancados tras un CANALLESCO Y VIL muro de contención.

El pasado lunes una persona accedió a este lugar tras introducir en el google las palabras Michele Laybourn, esa actriz desconocida cuyo rostro ignoro de la que hablé unas líneas más abajo. El asunto es curioso porque demuestra una vez más cómo internet puede ser un crisol que aúna a todas aquellas personas que utilizan el google para solucionar DUDAS ESTÚPIDAS. También es cierto que a este blog acceden día sí y día también personas que escriben en el google sutilezas como “ver fotos pornográfica gratis casa de niñas de fotos donde verlas de 18 años”, “vidriera "ayuntamiento de marbella", “puerta de emergencia del avion abrir” o “decathlon prostitutas”.

Creo que no hay lugar mejor para pensar que la cola de Correos. Una de las razones por las que prolongué el hábito de las misas de los domingos hasta los 16 años era porque allí, mientras el sacerdote hablaba de PECES, VENGANZA Y DESAMPARADOS, podía recapacitar sobre los LAMENTABLES SINSABORES de la vida adolescente. Una vez finalizada mi vida de cristiano practicante, encontré en las colas de Correos el lugar idóneo para abstraerse de la realidad sin necesidad de escuchar Undertow mientras caminas por la calle en otoño. El pasado martes no pude hacerlo. Lo de abstraerme en Correos, quiero decir. Había un señor Rumano gritando por el teléfono. Creo que estaba ordenando matar a alguien.

jueves, diciembre 15, 2005

El poder del calor adolescente

079

Puede que sea el único que se haya dado cuenta, pero en los últimos meses los medios de comunicación han mentado la palabra ‘semen’ con inusual frecuencia. Cada vez que se habla de eso, me viene a la cabeza, cual fugaz retroceso mental, aquello que cuenta Jodorowski en el imprescindible Psicomagia de los monjes tibetanos que duermen suspendidos por los pies para que el semen baje a la cabeza y, al despertarse, puedan volar. La cosa es raroextraña pero de un imaginativo que asusta.

Lo mejor que me ha ocurrido en los últimos 9 días ha sido el visionado de Sahara, con Humphrey Bogart ejerciendo de Rick con elegante buzo de conductor de tanque. La película es un tesoro, una joya capaz de provocar insomnio si se ve a altas horas de la madrugada. La recomiendo encarecidamente porque ésa película es capaz de hacernos –a mí y a ustedes- mejores personas. Esa, Ong Bak y alguna de Charles Bronson.

Mañana (por hoy, si esto se lee el viernes; anteayer, si se lee el sábado y días sucesivos) voy a cumplir uno de mis sueños de juventud. ME VOY A TOLEDO para comprar una espada de la era Hyboria tamaño abrecartas. Había pensado en dejarme bigote para la ocasión pero he preferido reservar esa PRIMICIA ESTÉTICA para cuando arribe a LOGROÑO y cene en el Bingo de la ciudad por 2 euros.

martes, diciembre 13, 2005

Los hombres del siglo XXX

078Se llama Michele Laybourn y es actriz pero dudo que alguien la reconozca por su nombre. Apenas ha participado en tres películas, un episodio de Padres Forzosos y otro de Friends, pero la inmensa mayoría de la gente la conoce por un papel brevísimo, simbólico y sensual en La Jungla de Cristal. Ella es ‘la chica de la ventana’, aquella mujer desabrigada que Bruce Willis ve desde lo alto del edificio Nakatomi. Los títulos de crédito la delatan como Girl In Window, convirtiéndola de inmediato en un auténtico ICONO DE LA FAMA ANÓNIMA, como la piscina o el bebé de la portada del Nevermind; como la niña abeja del disco homónimo de Blind Melon; como el hombre que come sopa en el disco, valga la redundancia, Soup del mismo grupo; como el infante del Gentlemen de Afghan Whigs; como John Daniel Matuszak. Alguien debería escribir un libro sobre esa gente; sobre los niños que bajo la tutela de sus padres, se convierten en símbolos de la cultura popular; sobre los adultos que, de forma anónima y sin percibir un royalty, toman parte –de forma simbólica y residual- en una obra cuya magnitud y alcance desconocen.

En otro orden de cosas, Sansebastianópolis es un lugar superlativo. Situada en el norte de España (pseudónimo de País Vasco, o viceversa, es decir, País Vasco también actúa como pseudónimo de España), limita al norte con el mar Cantábrico y Francia; al Sur con la N-I, al oeste con la A-8 y al este con ciudades y barrios dormitorio. La ciudad, a menudo, navega entre dos mundos siempre antagónicos, entre el tradicionalismo más exquisito y la modernidad más cateta y provincial, entre la suciedad y la inocencia, entre el ombliguismo... y el ombliguismo. De ahí que la ciudad de La Concha siempre esté dispuesta a ocultarnos perlas como las que nos ocupan: he aquí un poco de esto, otro poco de aquello, unas gotas de material ya conocido, otras de esencia de déjà vu y, por supuesto, conocimiento oculto del bueno.

lunes, diciembre 12, 2005

Si pudiéramos curarnos solos...

077_1Lo más extraño que me ocurrió ayer fue recuperar el recuerdo de una sesión de espiritismo acontecida en noviembre de 1991, en el sótano de un portal del barrio de Gros (en el distrito Este de Sansebastianópolis). El contacto con el más allá fue un ÉXITO TOTAL Y ABSOLUTO, un punto y aparte en la historia de la parapsicología escolar y adolescente. Conseguimos contactar con –ojo al dato- Elvis Presley y Freddy Mercury. Lo de establecer lazos con Elvis no tiene mucho de sobrenatural, la verdad, pero lo de Mercury sí porque el cadáver de Freddy todavía estaba, literalmente, caliente cuando conseguimos hablar con él a través de una OUIJA HECHA CON CARTULINA Y BOLI BIC TRANSPARENTE. El vaso utilizado –Y QUE SE MOVIÓ COMO SI LO CONDUJERA BURT REYNOLDS EN ‘LOS LOCOS DE LA CANNONBALL’- era el que servía como recipiente para el cepillo y la pasta de dientes de MI BAÑO.

Por supuesto, tras la sesión espiritista el vaso volvió a su sitio, al baño. Eran otros tiempos, la economía familiar no estaba como para andar rompiendo vasos.

En otro orden de cosas, simplemente narrar un proceso cósmico que sólo experimento cada cierto tiempo. Se trata de ESE SUCESO, sí, el del descubrimiento de un grupo, de un sonido, de unas letras, de un concepto musical diferente... A lo largo de mi vida SOLAMENTE me ha ocurrido CINCO VECES, con cincos discos. La que aconteció hace un par de meses hace la sexta. Dos meses es el periodo lógico y necesario de tiempo que se necesita para discernir la modernidad de la hez. Ignoraba que en el siglo XXI, con tan sólo 21 años, se pudieran hacer cosas bellas. Watch Out de los canadienses Alexisonfire es una de ellas. Al que quiera se lo grabo, decoro con una bonita portada y envío por correo convencional. Sólo hay que pedirlo.