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lunes, enero 23, 2006

El ruido que piensa

086_1Hay días en los que, al terminar el trabajo, tengo necesidad de sumergirme en un total y absoluto BARBECHO MENTAL. De ahí que acuda al cine más cercano y compre una entrada, sin apenas meditarlo, para LA PELÍCULA MÁS DESASTROSA DE LA CARTELERA. No quiero sutilezas, ni tramas complicadas –aquellas en las que las armas brillan por su ausencia-, ni sentimientos profundos, ni tan siquiera gente guapa. Quiero algo BÁSICO, TOSCO, ESTÚPIDO y PRIMARIO. De ahí que pueda jactarme de haber gastado dinero en películas como Scooby Doo, La Mansión Encantada, Komodo, Ja Me Maten  –ambas en compañía del Capitaine Conan, devorador de caspa con título-, o El Asombroso Mundo de Borja Mari y Pocholo. Creo que no hay nada de lo que enorgullecerse porque esos filmes, amén de malos, son muy aburridos, con lo cual no sirvieron a mis fines.

El lunes tuve la pésima suerte de pagar casi seis ecus (unos seis euros de los de antes) por Alone in the dark, una de esas películas que, a los cinco minutos de haber comenzado, ya presagian lo peor. Si a eso le sumamos una nada desdeñable CAPACIDAD DE ABSTRACCIÓN que desarrollé de niño, en las misas del domingo, pues me ví, a los 15 minutos de metraje, sumido en túnel sin salida. Ni sabía de qué iba –durante el prólogo me evadí con un pensamiento que ahora no recuerdo- y ni tenía esperanzas en recuperar el interés. El único aliciente, a lo largo de los 80 minutos restantes era fijarme en los implantes de pelo que luce Christian Slater. 

Todo esto ocurrió a partir de las 20 horas en la sala 4 de los cines B, los del olor a ORÍN Y ALMIDÓN, recuerden. Casualmente, cuando he vuelto a casa y he consultado las estadísticas he descubierto que a las 20.29 alguien ha entrado al blog tras introducir en el Google la siguiente entrada: “¿Cuantas butacas tiene la sala 4 de los cines Oscar La Bretxa?”. Es una tontería, cierto, pero también una singular casualidad.

jueves, enero 12, 2006

De cómo perder el tiempo en una habitación oscura

085Tras nueve meses de involuntaria insumisión, hoy he renovado el DNI. La funcionaria me ha pedido el dedo índice de la mano derecha y ante la duda, le he ofrecido la mano completa para que cogiera el que quisiera. Luego he hecho amago cobarde de visitar el MUSEO DIOCESANO de San Sebastián pero el hecho de tener que esperar 30 minutos hasta la hora de apertura me ha disuadido. Llevo dos días sacando fotos a los carteles de calles de San Sebastián para un reportaje que, no lo sé todavía, puede pecar de ABSURDO o de magistral. Tanto paseo en solitario, tanto ejercer de flaneur con la cabeza erguida en pos de una PLACA MARCIANA mientras suena en el walkman The Gathering, Shelter o Corrosion Of Conformity, le hace percatarse a uno de que Sansebastianópolis, por las mañanas, es una CIUDAD EMINENTEMENTE FEMENINA, poblada por mujeres de todas las edades y condiciones que van y vienen.

Últimamente, compro muchos libros (Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo de Rosa Sala, No Logo, de Naomi Klein, El Conde de Montecristo -edición de Mondadori- de Alexandre Dumas, Narrativa completa de Bertold Brecht, Mitos y leyendas de los Mayas, Volcanes Dormidos de Rosa Regás...), leo algunos, veo las películas de Aterriza como puedas en deuvedé, la segunda temporada de Futurama y, por las noches, no me acuesto sin leer la vida de un Santo y, a continuación, deleitar la vista, el intelecto y el alma con un episodio de El Equipo A. También ingiero batidos de yogurt, leche, vainilla en polvo adquirida en el mercado de San José, Costa Rica y plátano troceado mientras la televisión escupe vídeos raros y violentos de grupos noruegos de black metal. Creo que abuso del azúcar. Siempre ha sido así. 

viernes, enero 06, 2006

Todas iguales. Cada una diferente

084_1Diez años atrás, en diciembre de 1995, me mudé a un piso en el número 67 bis de Alameda Mazarredo, Bilbao. Eran tiempos de nomadismo estudiantil. Por aquella época, la calle en cuestión era un lugar inhóspito, en absoluto frecuentado por paseantes y trufado de tiendas abocadas al mayor de los fracasos comerciales. Recuerdo una camisería en la que, durante los 15 meses que pernocté en Mazarredo, nunca vi un solo cliente en el interior. De hecho, ni el propio vendedor entraba. Siempre estaba en el exterior, atascado en la puerta, temeroso de ver reflejado su fracaso en el espejo de los probadores, esperando oleadas de clientes que nunca llegaban. En la misma acera había una tienda con productos para espías, un comercio de bañeras y duchas, amén de un bar diminuto y ENTRAÑABLEMENTE SUCIO frecuentado por los obreros que trabajaban en el Guggenheim. El museo en obras era el principal –cuando no el único- atractivo de la casa en la que viví.

La franquicia bilbaína del Guggenheim era, todavía, un esqueleto de vigas granates que, parecía, no iba a finalizar nunca. Ni la gente de Bilbao sabía a ciencia cierta qué se estaba construyendo ahí, ni las consecuencias que ello iba a tener para la ciudad. Llegué a esa casa con el recuerdo reciente de Smoke, la estupenda película de Wayne Wang, contagiada por el ‘estilo Auster’ de contemplar la realidad.

En cuanto salí al balcón del quinto piso del 67 bis de Alameda Mazarredo sabía perfectamente qué es lo que tenía que hacer: realizar una marca en la barandilla y colocar sobre ella, todas las semanas, una cámara fotográfica. Luego pulsaría el disparador. Así, durante 15 meses, cuatro veces por mes. No había normas con respecto a la hora o el día de la semana que había que sacar la foto, ni tampoco discusiones técnicas. Sólo una exigencia más. Las imágenes habían de ser tomadas de día, dadas las limitaciones de las cámaras que poseía por aquel entonces: una de usar y tirar de marca ya olvidada, una Nikon compacta y una Fuji igualmente compacta pero con un objetivo infinitamente mejor. No había zoom, no había trípode, ni objetivos intercambiables, ni velocidad de obturación. SÓLO CÁMARAS SUSCEPTIBLES DE SER REGALADAS EN UNA PRIMERA COMUNIÓN.

El resto de esta teoría ya fue brillantemente escrito diez años atrás, por lo que sería estúpido tratar de rehacer aquello en lo que me basé. Así reza el guión de Paul Auster: “Son todas iguales, pero cada una es diferente de todas las demás. Tienes mañanas luminosas y mañanas sombrías. Tienes luz de verano y luz de otoño. Tienes días laborables y fines de semana. Tienes gente con abrigo y botas impermeables y gente con pantalones cortos y camiseta. A veces son las mismas personas, otras veces son diferentes. Y a veces las personas diferentes se convierten en las mismas y las mismas desaparecen. La tierra da vueltas alrededor de sol y cada día la luz de sol da en la tierra con un ángulo diferente.”

Es la primera vez que muestro abiertamente una selección de estas fotografías. Todas han sido viradas a blanco y negro por razones puramente estéticas. Un último apunte. Las obras del Guggenheim finalizaron nueve meses después de que abandonara la casa. Por ello, nunca obtuve LA FOTO DEFINITIVA del museo, es decir, la instantánea del resultado final: el museo sin andamios ni grúas, sin obreros, ni sacas de cemento. Así, falta una foto para completar la colección y ésa es, precisamente, la única que puede esperar. 

La plasmación gráfica de esta historia se encuentra aquí.

jueves, enero 05, 2006

El destino, en movimiento

083El que acaba de finalizar ha sido un año extraño, extrañísimo en lecturas. Por un lado, se ha confirmado el arrinconamiento de los libros de ficción, tendencia que comencé a experimentar hace unos años y que siempre había tratado de mantener a raya. En 2005 he perdido por completo los papeles y, tentado por la curiosidad más pueril, me sumergí en una auténtica espiral de libros raros, de aquellos que encierran un conocimiento más que dudoso. En otras palabras, LA LISTA ES DE UN BIZARRO QUE ACONGOJA.
He obviado volúmenes que no he leído enteros pero que han resultado referenciales a lo largo de todo el año como El Misterio de las Catedrales de Fulcanelli, Iconografía de los Santos de Juan Carmona Muela, Diccionario de la Españología de Luis Carandell o libros de viajes diversos como las ‘guías secretas’ editadas por Al Borak en los años setenta. También he de hablar de los libros que comencé en 2005 y todavía me acompañan: El Nombre de la Rosa, de Umberto Eco, El libro de las ilusiones, de Paul Auster, El Sonido de la Bestia, de Ian Christie y El Enigma Sagrado, de M. Baigent, R. Leigh, H. Lincoln. En fin, esto es lo que he sido-leído en los últimos 365 días

-Los templarios y otros enigmas medievales, de Juan Eslava Galán. Ideal para leer en el cuarto de baño.
-Auschwitz explicado a mi hija, de Annette Wieviorka. Una curiosidad, un pasatiempo recomendable para introducirse en el Holocausto.
-Las claves del Código Da Vinci, de Mariano Fernández Urresti. Culturilla general.
-Polvo del Infierno, de Peter Kolosimo. Libro de culto por lo raro, disparatado y mal escrito (o mal traducido, quién sabe) que está. Creo que Grant Morrison lo ha leído.
-Los supervivientes de la Atlántida, de J.G. Atienza. Por momentos, interesantísimo. Por momentos, ladrillazo.
-Las asombrosas aventuras de Kavalier & Clay, de Michael Chabon. Acusé su elevado número de páginas, pero me gustó.
-El siglo de Tintín (Biografía), de Fernando Castillo. Si te gusta Tintín, has de leerlo. Revela una interesante conexión entre Hergé y Sansebastianópolis.
-Estupor y Temblores, de Amelie Nothomb. Breve, conciso y morboso.
-Asfixia, de Chuck Palanhiuk. Ejemplo claro de novela que me aburre.
-Breve Historia del Mundo, de Ernst H. Gombrich. Pocos libros me han aportado tantas satisfacciones y conocimientos como éste. Lo recomiendo a TODO el mundo.
-Historias Extraordinarias, de Roald Dahl. No es lo mejor de Dahl pero hace que sientas rendida admiración por la humildad e imaginación de este hombre.
-Nazismo Enigmático, de J.M. Romaña. Uno de los peores libros que he leído en mi vida. Denso, dudoso, mal escrito, pésimamente estructurado. Eso sí, lo acabé.
-El Misterio de Compostela, de Louis Charpentier. No quería, pero lo hice. Merece la pena sólo por leer un par de disparates. Entretenimiento puro y duro.
-Camas, de Groucho Marx. Decepcionante, a todas luces
-Herreros y Alquimistas, de Mircea Eliade. Todo un descubrimiento. Libro ultradenso y extrañamente interesante.
-Ultreia, de Luis Carandell. Carandell, santísimo varón, periodista referencial.
-Los cínicos no sirven para este oficio, de Ryszard Kapuscinski. Demagogia pura. Dudo sinceramente que se refiera a la profesión periodística.
-Hablan los escritores, Varios autores. Algunos capítulos son imprescindibles. Otros, olvidables. Ideal para fetichistas de hábitos.
-Franz Kafka y Praga, de Harold Salfellner. Para conocer otra Praga.
-Conversaciones con Billy Wilder, de Cameron Crowe. A pesar de la vanidad de Crowe, Wilder brilla con luz propia, por su sinceridad y, al igual que Dahl, humildad.
-El enigma de la Catedral de Chartres, de Louis Charpentier. Poco importa que sea un ensayo. Por momentos, es más imaginativo que una novela.
-La leyenda del Golem, de Ivana Pechaikova. Refrito de mitología fantástica checa.
-Las Creencias de los españoles: la tierra de María Santísima. Imprescindible ensayo sobra la cultura mariana celtíbera.
-Psicomagia, de Alejandro Jodorowski. Libro básico desde ya.
-Breve Historia de Guatemala & Guía de Tikal. Timidísimo acercamiento a dos temas fascinantes: la cultura Maya y a los primeros años de la conquista de Centroamérica.
-Cómo hacer el amor igual que una estrella Porno. Biografía de Jenna Jameson. Entretenimiento en estado purísimo, sin adulterar. Le sobran las 250 primeras páginas.
-La Fuente Wallace, de Juan Luis Aulet. Una pasión gemela.

lunes, enero 02, 2006

Yo hago música. Tú, canciones.

082En una ocasión, haciendo cola en el Lidl con cuatro tarrinas de Queso Quark Fromage Blanc en las manos me topé con un señor que me era familiar. Tal hecho desencadenó una compleja cadena de acontecimientos cósmicos que desembocó en este artículo para el excelsísimo Riff-Fanzine. Échenle un vistazo y, se tercia, léanlo. Verán cómo gana.
En kioskos, boutiques de prensa e, imagino, en salas de espera de consultas veterinarias ya puede ojearse y/u hojearse el segundo número de la revista  Mascotas con la que he colaborado obteniendo teleplastias y retratos febriles de mamíferos, seres de cuatro patas y otras criaturas de aquellas que viajaron con Noé.