La simplicidad de las bicicletas
Me encontré a B. en el tren que une –es un decir- Madrid con San Sebastianópolis. Yo viajaba en el vagón 11, junto a una señora que lucía una mascarilla verde de quirófano. B. lo hacía en el vagón 18, aunque acudía a mi carruaje para fumar, a escondidas, en el baño de Preferente. Leía –yo, no él- El Enigma de Colón de Juan Eslava Galán, un libro-ensayo altamente recomendable que nada tiene que ver con la novela histórica así como paranoica y conspiratoria que ahora está en boga. El libro es entretenido, revelador y ARREBATADORAMENTE PESIMISTA por esas conclusiones tan obvias que todos ustedes ya están pensando sobre el descubrimiento de América, el indiocidio y todo lo demás. Una vez finiquitado éste, comencé a releer El Misterio de las Catedrales de Fulcanelli, en una edición de bolsillo recién adquirida para subrayar, pintar, dibujar y llevar de viaje pues sentiría pena al violar el ejemplar de la colección Rotativa de Plaza & Janés que compré en El Desván del Libro.
La gran sorpresa del viaje fue descubrir que B. portaba Ciudad Violenta de Jim Thompson, MI CIUDAD VIOLENTA, que le presté en septiembre de 2004 y aprovechó para devolverme tal día como el domingo. En su día, también se llevó Diario de un álbum de Dupuy y Berberian, MI DIARIO DE UN ÁLBUM, pero no hubo suerte: ése no lo llevaba en la mochila.
Desde hace un par de semanas conduzco SIN UTILIZAR EL INTERMITENTE DE LA DERECHA. Lo hago porque, por obra de magia, dejó de funcionar y no encuentro el momento adecuado para llevarlo al mecánico. El intermitente se ilumina, claro, como siempre: ahora sí, ahora no, recuerden el chiste. El fallo surge cuando presiono la palanca y algún CABLE CANALLA se niega a transmitir la señal. Por supuesto, en ningún momento he nadado en las AGUAS DE LA ILEGALIDAD porque siempre que conduzco lo hago por la derecha, de forma que nunca debo indicar ni avisar a nadie sobre mis movimientos. ¿Y las salidas de la autopista? Enciendo las luces de emergencia, entono una saeta en honor de San Cristóbal y quedo absuelto de todo pecado. Conducir sin intermitente derecho es un ARTE que recomiendo practicar a todo el mundo, como subir en el ascensor conteniendo la respiración, caminar por la calle sin pisar las baldosas blancas o contar los mojones impares de la autopista.
En Madrid, también compré el Diccionario de Símbolos de Juan Eduardo Cirlot, editado por Siruela; dos preciosas ediciones fac-simil de las Aventuras de Arturo Gordon Pym de Edgardo Allan Poe y El Comandante Pipe y su padre, de René Benjamín, ambos por 2,95 euros en Casa del Libro. No es que recomiende su compra, sino que, directamente, obligaría a todo el mundo a que se pasara por las franquicias de toda España de esa librería y ARRASARA con todas esas fantásticas reediciones de los años veinte, incluyendo el libro de viajes sobre Nueva York, de Julio Camba o los cuentos de Perrault. Feliz Navidad.
También me compré de saldo Powerslave, de Iron Maiden (a mis 28 años, qué cosas, estoy descubriendo la piedra angular del HEAVY MENTAL) pero este acontecimiento tan fantástico y singular es digno de un post aparte... o no.

Déjese de Los Iron, que los tenemos hasta en la sopa. Nunca han sido santo de mi devoción. Veo que aprovecho el viaje a Madrid, a mí se me amontonan los libros en mi habitación. Creo que por recomendación suya, me haré con el de Fulcanelli.
Publicado por: Spirit 76 | jueves, febrero 02, 2006 a las 11:49 a.m.
Te vas a dejar embaucar por un hombre al que el único libro que le ha emocionado es El arpa de Hierba?
"contar los mojones impares de la autopista."
Quién cojones se dedica a cagar en la autopista y encima en tamaña cantidad como para contar cagarros impares?
Si un día veo un coche tomar la salid hacia una estación de Petronor con las luces de emergencia, le seguiré para saber si eres tú. Te recomiendo que enciendas y apagues repetidas veces el antiniebla para darle más colorido al espectáculo.
Publicado por: Troutman | jueves, febrero 02, 2006 a las 12:05 p.m.
Fulcanelli no emociona, sino que confunde y engancha.
Hace unos meses estuve en Hendaya, viendo al cruz a la que dedica el último capítulo del libro. Es impresionante que algo tan simple como una cruz de piedra sea capaz de generar un texto tan obtuso, gótico, complejo y denso.
En cuanto a lo de los Maiden... he tardado 20 años en aceptar la voz del Ciudadano Dickinson y creo que eso es un avance... o un retroceso, según se mire. Lo mejor de ese grupo, son las portadas, sin duda. La de Powerslave es inquietante, una mezcla entre los grabados egipcios de David Roberts y la peli de Stargate.
Publicado por: Gonzo | jueves, febrero 02, 2006 a las 12:11 p.m.
Antaño tenía la costumbre de contar las rayas blancas de los pasos de cebra, y pisar, una sí y otra no. A lo mejor es menos extraño que cerrar los ojos cuando viajas en coche y jugar a abrirlos justo cuando crees que la carretera señala el km siguiente.
Yo casi nunca encuentro ofertones en la Casa del Libro. Los cuentos de Perrault me interesan.
Publicado por: Blackstar | jueves, febrero 02, 2006 a las 11:29 p.m.